Trigo sarraceno: el cereal que no es trigo

Uno de los ingredientes con peor nombre… y mejor sabor Pocas veces un ingrediente ha sufrido tanto por culpa de su nombre. Porque, pese a llamarse trigo sarraceno, no es trigo. Y tampoco contiene gluten. De hecho, ni siquiera es un cereal. El trigo sarraceno pertenece a la familia de los pseudocereales, igual que la quinoa. Se cultiva desde hace siglos en distintas regiones de Asia y Europa y, mucho antes de que existiera el concepto de alimentación sin gluten, ya formaba parte de la cocina tradicional de muchos países. Quizá no sea el ingrediente más conocido. Pero sí uno de los más interesantes. Un ingrediente con mucha personalidad Hay ingredientes que pasan desapercibidos. El trigo sarraceno no es uno de ellos. Tiene un sabor ligeramente tostado, con notas que recuerdan a los frutos secos. Una personalidad propia que aporta profundidad a panes, masas y repostería. Precisamente por eso nos gusta tanto. No intenta imitar al trigo. Prefiere ser él mismo. ¿Por qué nos gusta tanto? En Milola elegimos cada ingrediente por varias razones. El trigo sarraceno reúne muchas de ellas. Naturalmente sin gluten: Al no contener gluten de forma natural, es una excelente alternativa para personas con enfermedad celíaca o para quienes desean ampliar la variedad de cereales presentes en su alimentación. Rico en fibra: Su contenido en fibra contribuye a una digestión saludable y ayuda a proporcionar una sensación de saciedad más prolongada. Proteína vegetal de gran calidad: El trigo sarraceno contiene los nueve aminoácidos esenciales, algo poco habitual entre los alimentos de origen vegetal. Eso lo convierte en una fuente de proteína especialmente interesante dentro de una alimentación variada. Minerales y antioxidantes: Aporta minerales como el magnesio, el hierro y el cobre. Además, contiene rutina, un antioxidante presente de forma natural que ha sido ampliamente estudiado por su posible papel en la salud cardiovascular. Mucho más que un ingrediente sin gluten Durante muchos años el trigo sarraceno se ha utilizado casi exclusivamente como sustituto del trigo. Creemos que merece algo mejor. No necesita justificar su presencia por lo que no tiene. Tiene valor por todo lo que sí aporta. Sabor. Textura. Carácter. Y una identidad gastronómica propia. ¿Cómo utilizarlo en casa? Su versatilidad sorprende. Puedes encontrarlo en forma de grano o de harina. Con él puedes preparar: Panes artesanos. Galletas. Bizcochos. Tortitas. Crêpes. Ensaladas templadas. Sopas. Bowls de cereales. En Francia da vida a las famosas galettes bretonnes. En Japón es el ingrediente principal de los fideos soba. Y en Europa del Este lleva siglos formando parte de la cocina cotidiana. Pocos ingredientes han viajado tanto. ¿Por qué utilizamos trigo sarraceno en Milola? Porque aporta exactamente lo que buscamos. Una textura delicada. Un sabor con personalidad. Y una complejidad que hace que nuestras recetas sepan a algo más que «galletas sin gluten». No queremos copiar las recetas tradicionales. Queremos crear otras nuevas igual de buenas (o más). Y el trigo sarraceno nos ayuda a conseguirlo. Una pequeña reivindicación del trigo sarraceno A veces los mejores ingredientes son los que menos necesitan parecerse a otros. El trigo sarraceno no intenta ser trigo. Y quizá ahí reside precisamente su mayor virtud. Tiene miles de años de historia. Ha alimentado culturas muy distintas. Y sigue demostrando que la diversidad también puede encontrarse en algo tan sencillo como un grano. En Milola forma parte de nuestras recetas porque creemos que la buena cocina no consiste en sustituir. Consiste en descubrir.
El arroz integral: mucho más que el arroz que ya conoces

El cereal más familiar… y uno de los más infravalorados Hay ingredientes que no necesitan presentación. El arroz es uno de ellos. Está presente en cocinas de todo el mundo desde hace miles de años. Sin embargo, existe una versión que suele pasar mucho más desapercibida. El arroz integral. Y creemos que merece bastante más protagonismo. No porque esté de moda. Sino porque conserva gran parte de aquello que hace valioso al grano original. ¿Qué diferencia al arroz integral? La diferencia es muy sencilla. Mientras que el arroz blanco se obtiene eliminando las capas externas del grano, el arroz integral conserva el salvado y el germen. Es precisamente ahí donde se concentra buena parte de su fibra, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. Por eso, aunque ambos proceden del mismo cereal, su perfil nutricional es muy distinto. ¿Por qué nos gusta tanto? En Milola no elegimos un ingrediente únicamente porque sea saludable. También tiene que aportar sabor, textura y sentido a la receta. El arroz integral reúne todas esas cualidades. Naturalmente sin gluten. El arroz integral no contiene gluten de forma natural, lo que lo convierte en una excelente base para elaborar productos aptos para personas con enfermedad celíaca o para quienes desean ampliar la variedad de cereales presentes en su alimentación. Rico en fibra. Al conservar el salvado, aporta mucha más fibra que el arroz blanco. Esto favorece una digestión saludable y ayuda a proporcionar una sensación de saciedad más prolongada. Energía de liberación gradual. Como ocurre con otros cereales integrales, sus hidratos de carbono se absorben de forma más lenta que los de los cereales refinados. Eso ayuda a mantener niveles de energía más estables a lo largo del día. Fuente de vitaminas y minerales. El arroz integral aporta minerales como el magnesio, el fósforo y el selenio, además de vitaminas del grupo B, esenciales para numerosos procesos metabólicos. Antioxidantes naturales. También contiene compuestos antioxidantes presentes de forma natural en el salvado que ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo. Una harina sencilla… pero extraordinaria A menudo pensamos que los ingredientes más sofisticados son los mejores. Nosotros no siempre estamos de acuerdo. Una buena harina de arroz integral puede ser una auténtica joya. Especialmente cuando procede de un cereal de calidad y se muele cuidadosamente para conservar todas sus propiedades. En Milola utilizamos harina de arroz integral de primera calidad procedente de Valencia. Nos gusta trabajar con ingredientes cercanos siempre que es posible. Y nos gusta que cada uno tenga una razón para estar en nuestras recetas. ¿Por qué utilizamos arroz integral en nuestras galletas? Porque aporta mucho más que estructura. Aporta una textura delicada. Un sabor suave que deja espacio al resto de ingredientes. Y un perfil nutricional que encaja perfectamente con nuestra manera de entender la alimentación. No buscamos elaborar productos «sin gluten». Buscamos crear recetas tan buenas que el gluten deje de ser el centro de la conversación. Una pequeña reivindicación del arroz integral Durante años hemos asociado el arroz integral únicamente con la alimentación saludable. Pero merece mucho más reconocimiento. Es un cereal extraordinariamente versátil. Delicado. Nutritivo. Y capaz de aportar mucho carácter cuando se utiliza con cuidado. En Milola forma parte de muchas de nuestras recetas por una razón muy sencilla. Creemos que los mejores ingredientes no son necesariamente los más exóticos. A veces son aquellos que conocemos desde siempre… y que simplemente habíamos olvidado mirar con otros ojos.
La mesa donde cabemos todos

La historia que dio origen a Milola. Por Manuela García, Fundadora de Milola. «Soñaba con un lugar donde nadie se quedara fuera de la mesa.» Hay momentos que cambian una vida. El mío llegó hace casi treinta años, mientras vivía en Londres. Durante toda mi infancia había convivido con una salud frágil. Alergias. Dolores. Problemas digestivos. Medicación. Parecía que aquello simplemente formaba parte de mí. Hasta que un médico decidió hacer una pregunta distinta. Y cambió mi forma de comer. Eliminó de mi alimentación el gluten, los lácteos y otros alimentos que mi cuerpo no toleraba bien. Mi salud mejoró casi inmediatamente. Pero apareció un problema nuevo. Mi vida había perdido una parte importante de su alegría. Cuando comer deja de ser compartir Hoy quizá resulte difícil imaginarlo. Pero hace treinta años no existía Google. No había redes sociales. No existían blogs especializados. Ni apenas productos sin gluten. La pequeña sección free from del supermercado era tan limitada como decepcionante. Y yo trabajaba, precisamente, en una preciosa pastelería francesa de Chelsea. Cada mañana preparábamos algunos de los pasteles más bonitos que había visto nunca. Y yo no podía comer prácticamente ninguno. Fue entonces cuando entendí algo que nunca he olvidado. La comida nunca ha sido solo comida. Es celebración. Es familia. Es amistad. Es cultura. Es viajar. Es cuidar. Y cuando no puedes participar de todo eso, no sientes únicamente que has cambiado de dieta. Sientes que te has quedado un poco fuera de la vida. Empezar desde cero Comencé a estudiar todo lo que encontraba. Pasaba horas en bibliotecas intentando entender qué era el gluten. Recorría mercados de Londres descubriendo ingredientes que nunca había visto. Aprendí que el mundo era mucho más grande que el trigo. Descubrí el sorgo en la cocina india. El mijo y la quinoa en recetas latinoamericanas. El teff en la gastronomía etíope. El trigo sarraceno. La tapioca. El psyllium. Y empecé a experimentar. Hubo muchos fracasos. Muchísimos. Pero poco a poco comenzaron a aparecer recetas que ya no parecían sustitutos de nada. Eran sencillamente deliciosas. La idea que terminó convirtiéndose en Milola Con el tiempo comprendí que no estaba intentando cocinar productos sin gluten. Estaba intentando recuperar algo mucho más importante. La sensación de poder sentarte alrededor de una mesa sin sentirte diferente. Sin tener que dar explicaciones. Sin renunciar al placer. Sin resignarte a versiones de segunda categoría. Así nació Milola. No como una marca de galletas. Ni como una cafetería. Sino como una idea. Crear un lugar donde nadie se quedara fuera de la mesa. Mediterránea, inevitablemente Nací junto al Mediterráneo. En una familia donde las conversaciones siempre empezaban alrededor de una mesa. Donde cocinar era una manera de cuidar. Y compartir era casi un idioma propio. Por eso nunca acepté la idea de que cuidar la salud implicara renunciar al placer. Siempre he creído que ambas cosas podían convivir. Y esa sigue siendo la pregunta que nos hacemos cada vez que desarrollamos una receta. ¿Cómo conseguimos que algo sea profundamente delicioso y, al mismo tiempo, haga sentir bien a quien lo come? De una pequeña pastelería a miles de mesas Durante años esa idea tomó forma en una pequeña pastelería de Mataró. Allí ocurrió algo que nunca olvidaremos. Cada fin de semana llegaban familias de toda España. No venían solo a comprar un pastel. Venían porque, por unas horas, podían olvidarse de preguntar qué podían comer. Simplemente disfrutaban. Aquello nos confirmó que el sueño tenía sentido. Hoy elaboramos nuestras recetas en un obrador mucho más grande para que puedan llegar a miles de hogares. Pero la idea sigue siendo exactamente la misma. Lo que representa Milola No creemos que haya que elegir entre salud y placer. Entre nutrición e indulgencia. Entre cuidarte y celebrar. Creemos que una buena receta puede hacer compatibles todas esas cosas. Y creemos, sobre todo, que nadie debería sentirse un invitado diferente alrededor de una mesa. Porque quedarse fuera de una mesa generosa es quedarse un poco fuera de la vida. Y esa sigue siendo, muchos años después, la razón por la que cada mañana encendemos el horno.
El mijo: el cereal que probablemente deberíamos conocer mucho mejor

Un pequeño cereal con miles de años de historia. Si preguntáramos cuáles son los cereales más conocidos, la mayoría responderíamos casi sin pensar. Trigo. Arroz. Maíz. Avena. Y, quizá después de unos segundos, quinoa. Pero hay otro cereal que lleva miles de años alimentando a millones de personas y que, sin embargo, sigue siendo un gran desconocido en buena parte de Europa. Se llama mijo. Y creemos que merece mucha más atención de la que recibe. Un viejo conocido de muchas culturas El mijo se cultiva desde hace miles de años en distintas regiones de África y Asia. Durante siglos ha formado parte de la alimentación cotidiana de millones de personas gracias a algo muy sencillo: Es nutritivo. Resistente. Versátil. Y sorprendentemente agradable en la cocina. Quizá no sea el cereal más famoso. Pero sí uno de los más antiguos. ¿Por qué nos gusta tanto? En Milola elegimos cada ingrediente por una razón. Y el mijo reúne muchas de las cualidades que buscamos. Naturalmente sin gluten El mijo no contiene gluten de forma natural, lo que lo convierte en una excelente alternativa para personas con enfermedad celíaca o para quienes buscan ampliar la variedad de cereales presentes en su alimentación. Rico en nutrientes Aporta hidratos de carbono complejos, fibra, proteínas vegetales y minerales como el magnesio, el fósforo y el hierro. También contiene vitaminas del grupo B y distintos compuestos antioxidantes. No es un alimento milagroso. Pero sí un ingrediente muy interesante dentro de una alimentación equilibrada. Fácil de digerir Su contenido en fibra contribuye al funcionamiento normal del sistema digestivo y ayuda a mantener una buena salud intestinal. Como ocurre con muchos cereales integrales, también aporta una mayor sensación de saciedad. Energía sostenida El mijo tiene un índice glucémico relativamente bajo en comparación con otros cereales refinados. Eso significa que la energía se libera de forma más gradual, ayudando a evitar grandes fluctuaciones de glucosa después de las comidas. Un cereal que también cuida del planeta Hay otra razón por la que el mijo nos parece especialmente interesante. Es un cultivo extraordinariamente resistente. Necesita menos agua que muchos otros cereales. Tolera mejor la sequía. Y puede crecer en terrenos donde otros cultivos tienen muchas más dificultades. En un momento en el que la agricultura busca ser cada vez más eficiente y resiliente, recuperar cultivos tradicionales como el mijo tiene mucho sentido. Al incorporar el mijo en nuestras galletas, también apoyamos una agricultura más respetuosa con el medio ambiente. Cómo utilizar el mijo en casa Si nunca lo has cocinado, probablemente te sorprenda lo fácil que resulta incorporarlo a la cocina cotidiana. Puedes utilizarlo como base de: Ensaladas templadas. Bowls de verduras. Sopas. Guisos. Porridge. Hamburguesas vegetales. También puedes cocinarlo como cocinarías arroz o quinoa. Y su harina funciona muy bien en panes, bizcochos y repostería sin gluten. ¿Por qué utilizamos mijo en Milola? Porque nos gusta que nuestras recetas sepan bien. Pero también nos gusta que cada ingrediente aporte algo más que una simple función tecnológica. El mijo aporta sabor. Una textura delicadamente tierna. Y una personalidad propia que combina muy bien con otros ingredientes mediterráneos. No intentamos imitar al trigo. Preferimos descubrir todo lo bueno que otros cereales pueden ofrecer. Una pequeña reivindicación del mijo Durante demasiado tiempo hemos pedido prácticamente todo a un único cereal. Pan. Pasta. Harina. Galletas. Bollería. Quizá ha llegado el momento de volver a mirar alrededor. No para sustituir unos ingredientes por otros. Sino para recuperar la enorme diversidad que siempre ha existido. El mijo lleva miles de años acompañando a distintas culturas. Nos alegra pensar que también puede formar parte de las mesas del futuro.
Coca de Sant Joan sin gluten con masa madre, mascarpone y ruibarbo

La coca que anunciaba la llegada del verano. Hay recetas que alimentan. Y hay recetas que forman parte de la memoria de una familia. Esta Coca de Sant Joan pertenece a la segunda categoría. Durante los años en que tuvimos nuestra pastelería, elaborábamos cientos de cocas cada temporada. Y cada víspera de Sant Joan ocurría algo que nunca dejamos de encontrar emocionante: las familias hacían cola para llevarse una a casa. Eran cocas que anunciaban la llegada del verano. Generosas. Festivas. Bonitas. De esas que ocupan el centro de la mesa mientras alguien abre una botella de cava, los niños corretean por el jardín y la conversación se alarga hasta bien entrada la madrugada. La suavidad de una masa madre bien trabajada, la cremosidad del mascarpone y la acidez delicada del ruibarbo hacían el resto. El punto floral del hibisco era la guinda que la hacía perfecta. Todavía hoy, cuando la preparamos en casa, nos transporta a aquellas noches de luces colgadas, petardos en la distancia y mesas compartidas con amigos y familia. La noche más mágica del verano No sé cómo la vives tú, pero para nosotros la Nit de Sant Joan siempre ha sido una de las celebraciones más especiales del año. La vivimos casi como una pequeña Navidad de verano. Es la noche en la que el verano empieza de verdad. La noche que huele a mar, a vacaciones, a libertad y a tiempo compartido. Nos encanta decorar el jardín con guirnaldas de luces y banderines, preparar una mesa larga y ver cómo, poco a poco, la noche se llena de risas, conversaciones y momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos. Y si hay algo que nunca puede faltar en esa mesa, es una buena coca. Una coca diferente La Coca de Sant Joan tradicional siempre tendrá un lugar especial en nuestros corazones. Pero durante años quisimos crear una versión propia. Una coca elaborada con masa madre sin gluten, más aromática y llena de matices. Una coca donde la suavidad del mascarpone y la crème fraîche encontraran el contrapunto perfecto en la frescura ligeramente ácida del ruibarbo. El resultado fue una de las recetas más queridas de nuestra pastelería. Hoy queremos compartirla contigo. Ingredientes para la masa: 250 g de tu mezcla de harina sin gluten favorita 30 g de psyllium (omitir si tu mezcla ya contiene psyllium o goma xantana) 75 g de mantequilla o margarina a temperatura ambiente 40 g de azúcar integral de caña o azúcar blanco 30 g de sirope de arce 1 huevo + 1 yema (reserva la clara para decorar) Ralladura de 1 limón Ralladura de 1 naranja 1 cucharada de agua de azahar 2 cucharaditas de miel 1 cucharadita de café de sal 25 ml de leche o bebida vegetal tibia (nosotros solemos usar avena) 100 gr de Masa Madre (aquí puedes encontrar el proceso paso a paso para hacer tu masa madre sin gluten.) Ingredientes para el relleno: 110 gr de mascarpone 110 ml de crème fraîche 1/4 cucharadita de esencia de vainilla 25 gr de azúcar glass o savia de arce Para la compota de Ruibarbo: Aquí tienes la receta. Para decorar: La clara de huevo reservada Un chorrito de leche o bebida vegetal Azúcar Almendra laminada o piñones Frambuesas frescas Arándanos frescos Opcional: Crumble casero (receta al final del artículo) Elaboración: 1- Preparar la masa: En un bol grande (o en la Thermomix), mezcla la leche tibia, el huevo, la yema, el agua de azahar, la miel y la sal. Añade la mantequilla, el azúcar y el sirope de arce. Incorpora la masa madre y mezcla bien. Si utilizas Thermomix, bate durante 30 segundos a velocidad 6. Añade la harina y amasa hasta obtener una masa homogénea y suave. En Thermomix, amasa 4 minutos a velocidad espiga. 2. Fermentación lenta Coloca la masa en un recipiente ligeramente engrasado y deja reposar en la nevera durante un mínimo de 12 horas. Este paso requiere paciencia, pero marca una gran diferencia en el aroma, la textura y la complejidad de la coca. Las buenas masas rara vez tienen prisa. 3. Segundo Amasado y Formado: Retira la masa de la nevera y vuelve a amasarla. Si trabajas a mano, engrasa ligeramente tus manos y el papel de hornear para facilitar el proceso. Amasa durante unos minutos hasta que la masa esté suave y uniforme. Dale forma ovalada tradicional o extiéndela sobre la bandeja del horno. Deja fermentar una hora más en un lugar templado. 4. Prepara la Crema de Mascarpone: Bate ligeramente el mascarpone hasta que se vuelva cremoso. Añade la crème fraîche, la vainilla y el azúcar glas. Continúa batiendo hasta obtener una crema firme que mantenga la forma al cogerla con una cuchara. Reserva en frío. 5. Decora la Coca: Mezcla la clara de huevo reservada con un poco de leche y pinta los bordes de la coca. Tienes dos opciones: Opción 1: Superficie completa Extiende la crema de mascarpone sobre toda la coca, dejando libres los bordes. Añade por encima la compota de ruibarbo. Opción 2: Decoración tradicional Marca líneas diagonales con los dedos. Introduce la crema en una manga pastelera y rellena las líneas. Añade la compota de ruibarbo en los espacios entre líneas. Termina decorando con frambuesas, arándanos y almendra laminada o piñones. Si lo deseas, añade también crumble casero para aportar textura extra. 6. Horneado: Introduce la coca en el horno apagado. Programa 170 °C. Hornea entre 45 y 55 minutos. Los primeros 10 minutos únicamente con calor inferior. Después, continúa con calor arriba y abajo. Si observas que se dora demasiado rápido, cúbrela suavemente con papel de aluminio. Cómo servirla. Nos encanta servir esta coca ligeramente templada o a temperatura ambiente. Acompañada de: Café recién hecho. Una copa de cava bien frío. Fruta fresca. O simplemente buena compañía. Porque algunas recetas no necesitan mucho más. Si no tienes masa madre: Puedes preparar un iniciador rápido: Iniciador Rápido: 25 gr de harina de garbanzo, de sorgo o de arroz integral. 25 gr de
Compota de ruibarbo y flor de hibisco

El ingrediente por el que cruzábamos la frontera. Hay ingredientes que descubres. Y otros que, casi sin darte cuenta, terminan formando parte de tu vida. Con el ruibarbo me ocurrió exactamente eso. Lo conocí hace muchos años, cuando vivía en Inglaterra. Allí aparecía cada primavera en mercados, pastelerías y cocinas familiares como si hubiera estado allí desde siempre. Fue uno de esos sabores que se quedan contigo. Ácido. Fresco. Delicado. Completamente distinto a cualquier fruta que hubiera probado hasta entonces. Cuando años después abrimos nuestra pastelería, me negaba a renunciar a él. Así que cada primavera hacía un pequeño viaje hasta Perpiñán para cargar el coche de ruibarbo fresco. Con esa cosecha preparábamos una gran cantidad de compota que nos acompañaba durante todo el año. Y con esa compota elaborábamos una de las cocas de Sant Joan más queridas de Milola. Una coca que muchas familias esperaban con la misma ilusión con la que esperaban la llegada del verano. Un ingrediente todavía por descubrir Aunque el ruibarbo lleva siglos formando parte de la repostería del norte de Europa, en España sigue siendo un gran desconocido. Hoy ya puede encontrarse en algunos mercados especializados y tiendas online. Nosotros solemos comprarlo en Fruites i Verdures Giró, en el Mercat de Sant Antoni. Si nunca lo has probado, este puede ser un magnífico momento para descubrirlo. Y, si puedes, guarda parte de esta compota. Dentro de muy poco la necesitaremos para preparar una receta muy especial. Una compota que sirve para mucho más que una coca. Aunque la utilizamos en nuestra Coca de Sant Joan, esta compota tiene muchísimas posibilidades. Nos encanta acompañando: Yogur natural o vegetal. Granola. Porridge. Cheesecakes. Tartaletas. Muffins. Brioche. Mousse de chocolate. Tostadas con mantequilla o crema de frutos secos. Su equilibrio entre dulzor, acidez y notas florales la convierte en uno de esos básicos que siempre merece la pena tener en la nevera. Ingredientes: 1 kg de ruibarbo fresco 200 g de azúcar integral de caña 10 flores secas de hibisco 1/2 cucharadita de extracto de vainilla (opcional) 1 cucharadita de jengibre molido (opcional) 2 estrellas de anís Elaboración: 1. Preparar el ruibarbo Lava bien los tallos y corta aproximadamente medio centímetro de ambos extremos. Si alguno es especialmente grueso, pártelo longitudinalmente. Después córtalo en trozos de unos dos centímetros. Reserva aproximadamente 200 g y coloca el resto en una olla de fondo grueso. 2. La primera cocción Añade el azúcar y las flores de hibisco. Las flores aportarán un precioso tono rojizo y un delicado perfume floral que combina de maravilla con el carácter ligeramente ácido del ruibarbo. Remueve suavemente. Tapa la olla y cocina a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que el ruibarbo empiece a deshacerse y haya liberado buena parte de su jugo. 3. El toque final Destapa la olla y sube ligeramente el fuego. Añade ahora el ruibarbo que habías reservado. De esta forma conseguirás una compota con distintas texturas y pequeños trozos que conservarán mejor su forma. Cocina unos 15 minutos más. Sabrás que está lista cuando pases un dedo por el dorso de una cuchara y el surco permanezca limpio. 4. Enfriar Pasa la compota a un bol amplio. Cuando se haya enfriado, retira las flores de hibisco. Ya está lista para utilizar. Cómo conservarla: Puedes conservarla varios días en un recipiente hermético dentro de la nevera. También admite perfectamente la congelación, algo que nosotros hacíamos cada primavera para seguir disfrutándola muchos meses después. Una pequeña reivindicación del ruibarbo – Nos gustan los ingredientes que todavía conservan cierta capacidad de sorprender. El ruibarbo es uno de ellos. No intenta parecer una fresa. Ni una manzana. Ni una ciruela. Tiene personalidad propia. Y quizá por eso combina tan bien con sabores tan distintos como la vainilla, los cítricos, las fresas, el chocolate o el hibisco. Si nunca lo has cocinado, esperamos que esta receta sea el comienzo de una larga amistad. Porque algunas recetas llegan para una temporada. Y otras se quedan para siempre. Puedes ver un vídeo de la receta paso a paso aquí.
Barritas veganas de Doble Chocolate y Frambuesa.

La receta que no sabe si quiere ser barrita o tarta. Hay recetas que nacen con las cosas muy claras. Y luego están estas. Porque técnicamente son unas barritas. Pero basta cambiar el molde para que se conviertan en una tarta espectacular. Nos gusta pensar que simplemente se adaptan a los planes. Merienda improvisada. Cena con amigos. Cumpleaños. Martes cualquiera que merece mejorar un poco. Funcionan sorprendentemente bien en todas las situaciones. Una combinación inesperadamente buena. Chocolate y frambuesa llevan décadas entendiéndose perfectamente. Hasta aquí, ninguna sorpresa. Pero entonces aparecen los anacardos. El coco. La naranja. Y una invitada inesperada: la remolacha. Que aporta color, jugosidad y una profundidad que resulta difícil de explicar y muy fácil de disfrutar. Algunas recetas son mejores de lo que su lista de ingredientes hace pensar. Esta es una de ellas. Ingredientes para la base: 160 g de galletas Milola de Doble Chocolate y Plátano 120 g de harina de almendra 40 g de aceite de coco fundido Ingredientes para el relleno: 240 g de anacardos remojados durante toda la noche o durante 20 minutos en agua caliente 120 g de crema de coco (la parte sólida de una lata de leche de coco) 50 g de aceite de coco fundido 60 g de sirope de arce 125 g de frambuesas frescas 50 g de remolacha cruda 1/2 cucharadita de extracto de vainilla Ralladura de una naranja Para decorar: Chocolate negro fundido Elaboración – 1. Preparar la base: Precalienta el horno a 180 °C. Tritura las galletas junto con la harina de almendra y el aceite de coco hasta obtener una textura similar a arena húmeda. Presiona la mezcla en el fondo del molde elegido. Rectangular para barritas. Redondo para tarta. Nosotros no juzgamos. Hornea durante aproximadamente 10 minutos. Retira del horno y deja enfriar completamente. Preparar el relleno: Escurre bien los anacardos y colócalos en un procesador de alimentos. Añade la crema de coco, el aceite de coco, el sirope de arce, las frambuesas, la remolacha, la vainilla y la ralladura de naranja. Tritura durante varios minutos hasta obtener una crema completamente lisa y sedosa. La paciencia aquí merece la pena. 3. Montar y enfriar: Vierte el relleno sobre la base ya fría y alisa la superficie. Refrigera durante al menos tres o cuatro horas hasta que adquiera consistencia. O toda la noche si eres de esas personas capaces de esperar. Nosotros no siempre lo conseguimos. 4. El toque final: Decora con hilos de chocolate negro fundido. Corta en barritas o en porciones. Sirve frío. Y acepta los cumplidos con naturalidad. Algunas variaciones que funcionan muy bien Sustituir las frambuesas por fresas o frutos del bosque. Añadir pistachos troceados para incorporar textura. Servir con una cucharada de yogur de coco o crème fraîche vegetal. Cómo nos gusta servirlas: Muy frías. Con café. Con un buen matcha. Con una cava fresquito. O directamente desde la nevera a las once de la noche mientras prometemos que será el último trozo. Una pequeña reivindicación de la remolacha La remolacha tiene un problema de imagen. La mayoría de nosotros la asociamos a ensaladas y poco más. Pero cuando se cruza con el chocolate ocurre algo extraordinario. Aporta humedad. Profundidad. Y una complejidad difícil de identificar pero imposible de ignorar. Quizá por eso lleva años apareciendo en algunos de los mejores pasteles de chocolate del mundo. Y quizá por eso estas barritas desaparecen bastante más rápido de lo que deberían. Si las preparas, ya nos contarás si acabaron siendo barritas o tarta. Esperamos que os guste esta receta tanto como a nosotros. Si quieres ver un vídeo de la receta paso a paso, puedes hacerlo aquí. ¡A disfrutar!
Receta de Mousse de Chocolate Vegano

El postre que nadie adivina que está hecho con tofu. Hay ingredientes que tienen muy buena prensa. Y luego está el tofu. Probablemente uno de los ingredientes más incomprendidos de la cocina moderna. Porque cuando aparece en una mousse de chocolate como esta ocurre algo bastante divertido: Nadie lo ve venir. Solo hay chocolate. Mucho chocolate. Una textura sedosa y sorprendentemente ligera. Y esa sensación tan agradable de estar comiendo algo tremendamente indulgente que, además, resulta ser vegetal y sin lácteos. Un pequeño truco de pastelería. El tofu silken tiene una capacidad extraordinaria para desaparecer. No literalmente, claro. Pero sí para transformarse en aquello que lo rodea. En este caso, se convierte en el compañero perfecto para el chocolate negro. Aporta cremosidad. Ligereza. Y una textura que recuerda mucho más a una mousse clásica francesa de lo que la mayoría imagina. Ingredientes: 340 g de chocolate negro 340 g de tofu silken (importante: silken, no firme) 60 g de bebida de soja 2 cucharadas de sirope de arce 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional) Para servir: Galletas Milola Naranja, Almendra y Cardamomo Frutos rojos frescos Si prefieres una versión completamente vegana, puedes utilizar nuestra galleta de Doble Chocolate. Elaboración: 1. Preparar el tofu. Rompe el tofu y déjalo escurrir sobre un colador durante un par de horas para eliminar el exceso de agua. Este pequeño gesto marca una gran diferencia en la textura final. 2. Fundir el chocolate. Derrite el chocolate al baño María o en intervalos cortos en el microondas. Déjalo reposar unos minutos para que pierda parte del calor. 3. Preparar la mousse. Introduce el tofu escurrido en una batidora junto con la bebida de soja, el sirope de arce y la vainilla. Tritura hasta obtener una mezcla completamente lisa y sedosa. Añade entonces el chocolate fundido y vuelve a triturar hasta obtener una mousse brillante y homogénea. Eso es todo. Cómo nos gusta servirla. Nos encanta romper unas galletas de Naranja, Almendra y Cardamomo en el fondo de una copa y alternar capas de galleta y mousse. La intensidad del chocolate, el perfume de los cítricos y el cardamomo y la frescura de los frutos rojos hacen el resto. Termina con una galleta entera y algunos frutos rojos frescos. Parece un postre de restaurante. Y sin embargo probablemente te habrá llevado menos tiempo prepararlo que decidir qué película ver después de cenar. Una pequeña lección sobre el chocolate – El chocolate tiene una capacidad extraordinaria para hacer felices a las personas. No conocemos ningún estudio científico que lo confirme. Pero tampoco conocemos demasiada gente dispuesta a discutirlo. Y esta mousse probablemente tampoco ayudará a resolver el debate. Si la preparas, ya nos contarás cuánto tiempo sobrevive en la nevera.
Sensibilidad al gluten no celíaca: cuando las pruebas dicen una cosa y tu cuerpo otra

Qué es la sensibilidad al gluten no celíaca y cómo convivir con ella. Hay personas que reciben un diagnóstico claro de enfermedad celíaca. Y hay otras cuyo camino es algo más confuso. Las pruebas son normales. La biopsia es normal. Los análisis son normales. Pero algo sigue sin ir bien. Dolor abdominal. Hinchazón. Fatiga. Niebla mental. La sensación persistente de que determinados alimentos no sientan como deberían. Para muchas de estas personas, la respuesta puede encontrarse en la sensibilidad al gluten no celíaca. ¿Qué es la Sensibilidad al Gluten No Celíaca? La sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) es una condición en la que algunas personas experimentan síntomas relacionados con el consumo de gluten sin presentar las alteraciones inmunológicas ni el daño intestinal característicos de la enfermedad celíaca. No es una enfermedad autoinmune. No provoca el daño intestinal asociado a la celiaquía. Pero eso no significa que los síntomas no sean reales. De hecho, pueden afectar de forma importante a la calidad de vida. Síntomas frecuentes: Los síntomas pueden variar considerablemente entre personas, pero algunos de los más habituales incluyen: Digestivos: Dolor abdominal Distensión abdominal Diarrea Estreñimiento Náuseas Generales: Fatiga Dolor de cabeza Dolores musculares y articulares Otros síntomas posibles: Dificultad para concentrarse o «niebla mental» Problemas de memoria Alteraciones del estado de ánimo Ansiedad Erupciones cutáneas Anemia En muchas personas, estos síntomas aparecen poco después del consumo de gluten y mejoran al retirarlo de la alimentación. Una condición todavía en estudio. La sensibilidad al gluten no celíaca sigue siendo un área activa de investigación. Todavía existen preguntas abiertas sobre sus mecanismos y sobre el papel que podrían desempeñar otros componentes presentes en algunos cereales además del propio gluten. Por eso, el diagnóstico requiere siempre una valoración individual y profesional. ¿Cómo se diagnostica? Actualmente no existe una prueba específica para diagnosticar la SGNC. Por eso, el proceso suele consistir en descartar primero otras condiciones que sí disponen de herramientas diagnósticas claras. Descartar enfermedad celíaca y alergia al trigo. Este suele ser el primer paso e incluye análisis específicos y, cuando es necesario, estudios adicionales. Evaluación clínica. El profesional sanitario valorará los síntomas, su evolución y la posible relación con determinados alimentos. Dieta de eliminación y reintroducción. Cuando se han descartado otras causas, puede proponerse una retirada temporal del gluten seguida de una reintroducción controlada para observar la evolución de los síntomas. Una recomendación importante. No elimines el gluten por tu cuenta antes de consultar con un profesional sanitario. Hacerlo puede dificultar el diagnóstico de otras condiciones importantes, especialmente la enfermedad celíaca. Vivir con sensibilidad al gluten no celíaca. Para muchas personas, la mejora de los síntomas tras ajustar la alimentación puede ser muy significativa. Algunas recomendaciones que suelen ayudar son: Prioriza alimentos naturalmente sin gluten. Fruta. Verdura. Legumbres. Huevos. Frutos secos. Arroz. Quinoa. Mijo. Sorgo. Teff. La naturaleza ofrece muchas más opciones de las que a veces imaginamos. Aprende a leer etiquetas. Identificar ingredientes y posibles fuentes de gluten oculto aporta tranquilidad y autonomía. Observa patrones. Llevar un registro de alimentos y síntomas puede ayudar a identificar qué alimentos te hacen sentir mejor y cuáles no. Busca acompañamiento profesional. Un dietista-nutricionista especializado puede ayudarte a diseñar una alimentación equilibrada y evitar restricciones innecesarias. La pregunta que muchas personas se hacen. «Si no soy celíaco, ¿por qué me encuentro mejor sin gluten?» La respuesta todavía no siempre es sencilla. Pero hay algo importante que merece la pena recordar: Escuchar al cuerpo no es lo mismo que auto-diagnosticarse. Y buscar respuestas no significa imaginar síntomas. La reflexión que también forma parte de la historia de Milola. Hace años descubrimos algo curioso. Había personas con diagnósticos muy distintos. Celiaquía. Sensibilidad al gluten. Intolerancias digestivas. O simplemente personas que se sentían mejor reduciendo determinados ingredientes. Pero todas compartían algo. Querían volver a disfrutar de la comida. Querían sentarse a la mesa sin ansiedad. Querían dejar de elegir entre cuidarse y disfrutar. Y eso sigue siendo exactamente lo que intentamos construir cada día. El objetivo no es eliminar alimentos. El objetivo es encontrarte mejor. Tener más energía. Disfrutar más de las comidas. Entender mejor cómo responde tu cuerpo. Porque la alimentación no debería convertirse en una fuente constante de preocupación. Debería ser, en la medida de lo posible, una fuente de bienestar, placer y tranquilidad. Y ese es un objetivo que merece la pena perseguir.
Tartaleta vegana de arándanos, lima y doble chocolate

Una tartaleta de verano tan fácil de preparar como difícil de compartir. Hay postres que impresionan por la técnica. Y hay postres que impresionan porque nadie espera que algo tan sencillo pueda estar tan bueno. Esta tartaleta pertenece claramente a la segunda categoría. La intensidad de una base de galleta de doble chocolate. La frescura ligeramente ácida de los arándanos y la lima. La cremosidad del coco. Y esa combinación casi infalible entre fruta y chocolate que lleva décadas demostrando que algunas parejas simplemente funcionan. Además, es vegana, sin gluten y sorprendentemente fácil de preparar. Una receta nacida de una buena galleta Nos gusta pensar que algunas recetas empiezan mucho antes de encender el horno. Empiezan cuando un ingrediente ya es bueno por sí mismo. En este caso, todo comienza con nuestra galleta de Doble Chocolate y Plátano. Una galleta intensa, ligeramente fudgy y llena de cacao. De esas que podrían comerse directamente del paquete. Pero que también tienen la amabilidad de convertirse en una base extraordinaria para una tartaleta como esta. Ingredientes: Para la base de la tartaleta: 250g galletas doble choco veganas. 110g aceite de coco. Para el relleno: 375g arándanos. 250g leche de coco. 240g yogur coco. 70g savia de arce. 1 cdta. agar agar. Ralladura de 1 lima. 1/4 cdta sal del Himalaya. Para decorar: Frambuesas Higos frescos Arándanos Fresas Hojas de menta Gajos de lima Elaboración: 1. Preparar la base: Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa ligeramente el molde con aceite de coco y resérvalo en la nevera. Tritura las galletas hasta obtener una textura similar a la arena húmeda y mézclalas con el aceite de coco fundido. Presiona la mezcla sobre la base y los laterales del molde. Hornea durante aproximadamente 12 minutos. Deja enfriar mientras preparas el relleno. 2. Preparar el relleno: Tritura los arándanos junto con la leche de coco hasta obtener una mezcla homogénea. Si buscas una textura especialmente fina, puedes colarla posteriormente. Lleva la mezcla a un cazo y añade el agar-agar. Hierve suavemente durante dos o tres minutos removiendo constantemente. Reduce el fuego e incorpora el sirope de arce, el yogur de coco, la ralladura de lima y la sal. Cocina un minuto más a fuego suave. Retira del fuego y deja templar ligeramente. 3. Montar la tartaleta: Vierte el relleno sobre la base de galleta. Lleva la tartaleta al frigorífico durante al menos cuatro horas para permitir que el agar-agar haga su trabajo. La paciencia tiene recompensa. 4. Decorar: Justo antes de servir, decora con fruta fresca, hojas de menta y algunos gajos de lima. No hace falta mucho más. Cómo nos gusta servirla: Fría. Muy fría. Con café. Con té. Con una copa de cava muy fría. O simplemente en una mesa llena de gente a la que quieres impresionar un poco. Funciona sorprendentemente bien en las tres situaciones. Si quieres ver un vídeo de la receta paso a paso, puedes hacerlo aquí. Una pequeña lección sobre el chocolate Hay ingredientes que exigen protagonismo. Y otros que saben hacer que todo lo que tienen alrededor sea mejor. El chocolate pertenece a las dos categorías. Quizá por eso sigue funcionando tan bien después de tantos siglos. Y quizá por eso esta tartaleta nunca dura demasiado tiempo en la mesa. Si la preparas, ya nos contarás cuánto tarda en desaparecer.