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La celiaquía: entender el diagnóstico y volver a disfrutar de la comida

Qué es la enfermedad celíaca y cómo convivir con ella. Recibir un diagnóstico de celiaquía puede generar muchas emociones al mismo tiempo. Alivio por poner nombre a síntomas que quizá llevaban años acompañándote. Incertidumbre ante los cambios que vendrán. Y, en muchas ocasiones, una pregunta que aparece casi inmediatamente: ¿Y ahora qué? La buena noticia es que la enfermedad celíaca es perfectamente compatible con una vida plena, activa y deliciosa. Pero empecemos por el principio. ¿Qué es la enfermedad celíaca? La enfermedad celíaca es una enfermedad autoinmune crónica desencadenada por la ingesta de gluten, una proteína presente de forma natural en el trigo, la cebada y el centeno. En las personas con enfermedad celíaca, el consumo de gluten provoca una respuesta del sistema inmunitario que daña las vellosidades del intestino delgado, estructuras fundamentales para la correcta absorción de nutrientes. Con el tiempo, este daño puede provocar deficiencias nutricionales y afectar a distintos órganos y sistemas del cuerpo. Aunque hoy sabemos que es una enfermedad relativamente frecuente, sigue existiendo un número importante de personas sin diagnosticar. Síntomas frecuentes: La enfermedad celíaca puede manifestarse de formas muy diferentes y no siempre afecta únicamente al sistema digestivo. Algunos síntomas frecuentes son: Digestivos: Dolor abdominal Distensión abdominal Diarrea Náuseas Vómitos Generales: Fatiga persistente Pérdida de peso involuntaria Anemia por déficit de hierro Déficits nutricionales Otros síntomas posibles: Osteopenia u osteoporosis Úlceras bucales recurrentes Dermatitis herpetiforme Retraso del crecimiento en niños La ausencia de síntomas digestivos evidentes no excluye la enfermedad celíaca. ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico debe ser realizado siempre por un profesional sanitario, habitualmente un especialista en gastroenterología. El proceso suele incluir: Análisis de sangre Para detectar anticuerpos específicos relacionados con la enfermedad celíaca, como: Anticuerpos anti-transglutaminasa tisular (tTG) Anticuerpos anti-endomisio (EMA) Endoscopia con biopsia Si las pruebas serológicas son compatibles con enfermedad celíaca, suele realizarse una biopsia del intestino delgado para valorar el estado de las vellosidades intestinales. Estudios genéticos En determinadas situaciones pueden solicitarse estudios para detectar los genes HLA-DQ2 y HLA-DQ8, presentes en la mayoría de las personas con enfermedad celíaca. Un aspecto importante: no elimines el gluten antes del diagnóstico Muchas personas deciden retirar el gluten por iniciativa propia antes de acudir al especialista. Sin embargo, hacerlo puede alterar los resultados de las pruebas diagnósticas y dificultar o retrasar el diagnóstico definitivo. Si sospechas que podrías tener enfermedad celíaca, consulta primero con un profesional sanitario. Vivir con celiaquía – Actualmente, el único tratamiento eficaz es una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Al principio puede parecer abrumador. Leer etiquetas. Aprender ingredientes nuevos. Descubrir la contaminación cruzada. Preguntar constantemente en restaurantes. Pero ocurre algo interesante. Con el tiempo deja de sentirse como una limitación y empieza a convertirse simplemente en una nueva forma de organizar la vida cotidiana. Y, afortunadamente, hoy existen muchas más opciones y recursos que hace apenas unos años. Algunas recomendaciones que suelen ayudar: Aprende a leer etiquetas: Entender los ingredientes y las certificaciones es una de las herramientas más importantes para ganar tranquilidad. Prioriza alimentos naturalmente sin gluten: Fruta. Verdura. Legumbres. Huevos. Frutos secos. Arroz. Quinoa. Mijo. La naturaleza ya ofrece muchas opciones seguras. Cocina más en casa: No por obligación, sino porque te permitirá recuperar confianza y descubrir nuevos ingredientes y recetas. Busca apoyo: Las asociaciones de pacientes, profesionales especializados y otras personas con experiencia pueden convertirse en una ayuda enorme durante los primeros meses. La reflexión que dio origen a Milola: Hace años, cuando tuvimos que replantearnos nuestra forma de comer, descubrimos algo que nos sorprendió. Encontrar productos sin gluten era difícil. Encontrar productos realmente buenos lo era todavía más. Muchos parecían diseñados únicamente para sustituir lo que faltaba. Nosotros queríamos algo distinto. Queríamos sabor. Textura. Ingredientes reconocibles. Y la sensación de poder sentarnos alrededor de una mesa sin sentir que estábamos comiendo una versión de segunda categoría de algo que otros sí podían disfrutar. De esa búsqueda nació Milola. Una vida plena sigue siendo una vida plena. La celiaquía cambia algunas cosas. Pero no cambia lo importante. Las sobremesas siguen existiendo. Los viajes siguen existiendo. Las celebraciones siguen existiendo. Y el placer de compartir buena comida con las personas que quieres también sigue existiendo. A veces simplemente necesita nuevas recetas para seguir encontrando su lugar en la mesa. Y eso, afortunadamente, cada vez es más fácil. Porque la vida ya tiene suficientes renuncias. La comida no debería ser una de ellas.

Granola Proteica Casera: la receta que nunca falta en nuestra cocina

Crujiente, nutritiva, sin gluten y hecha con ingredientes que reconocerías en tu propia despensa. Hay recetas que aparecen de vez en cuando. Y hay recetas que se convierten en parte de tu vida. Esta granola pertenece a la segunda categoría. Lleva años acompañándonos en desayunos, meriendas y momentos improvisados entre reuniones, hornos y pruebas de producto. Es sencilla de preparar, está llena de ingredientes reales y tiene algo que nos encanta: demuestra que cuidarse y disfrutar pueden convivir perfectamente en el mismo bol. Además, es naturalmente sin gluten, apta para dietas veganas y rica en proteínas y grasas saludables procedentes de frutos secos y semillas. Ingredientes secos: Todos los ingredientes son accesibles y se pueden encontrar fácilmente en cualquier supermercado. 200 g de copos de avena. 130 g de almendras enteras. 110 g de nueces pecanas. 120 g de harina de almendra. Ingredientes húmedos: 130 g de jarabe de arce. 60 g de aceite de coco o de oliva virgen extra. 60 g de manteca de cacahuete. Ingredientes húmedos: Chocolate negro troceado Chips de chocolate negro Antes de empezar: Uno de nuestros pequeños secretos es no trocear las almendras ni las nueces. Nos gusta encontrarnos grandes trozos crujientes recubiertos de crema de cacahuete y sirope de arce. La textura final es mucho más interesante y cada cucharada tiene algo distinto que ofrecer. Elaboración paso a paso: Mezcla los ingredientes secos: En un bol grande, combina la avena, las almendras, las nueces pecanas y la harina de almendra. Precalienta el horno: Calienta el horno a 160 °C. Incorpora los ingredientes húmedos: Añade el sirope de arce, el aceite y la crema de cacahuete. Mezcla bien hasta que todos los ingredientes queden uniformemente recubiertos. Hornea: Extiende la mezcla sobre una bandeja cubierta con papel de horno. Presiona ligeramente con una espátula o cuchara para formar una capa uniforme. Hornea durante aproximadamente 25 minutos. El tiempo exacto dependerá de cada horno, así que vigílala durante los últimos minutos para conseguir el punto de tostado que más te guste. ¿Cuándo añadir el chocolate? Tienes dos opciones: Añadir chips de chocolate durante los últimos minutos de horneado para que se integren parcialmente en la mezcla. Añadir chocolate negro troceado justo al sacar la granola del horno. El calor residual lo fundirá ligeramente y podrás mezclarlo para crear pequeñas vetas de chocolate repartidas por toda la granola. Nuestra favorita. Puedes ver el vídeo completo de la receta aquí. Cómo disfrutarla. La granola es uno de esos ingredientes que nunca se cansan de reinventarse. Nos encanta especialmente: Con yogur de coco. Con fruta fresca de temporada. Sobre un smoothie bowl. Con bebida vegetal. Como topping para helado casero de fruta. Directamente a cucharadas cuando nadie está mirando. Cómo conservarla: Una vez fría, guárdala en un recipiente hermético de cristal. Conservada en un lugar fresco y seco mantendrá su textura crujiente durante varias semanas. Evita guardarla en la nevera, ya que la humedad puede hacer que pierda parte de su encanto. Una pequeña revolución cotidiana. Cuando hablamos de la filosofía de Milola solemos decir que un día decidimos replantearnos nuestra manera de comer. No porque quisiéramos seguir una moda. Ni porque buscáramos la perfección. Simplemente porque creíamos que cuidar de nosotros mismos no debería significar renunciar al placer. Esta granola nació de esa misma idea. Ingredientes sencillos. Mucho sabor. Y la convicción de que las mejores recetas suelen empezar en una despensa bien pensada. Si la preparas en casa, esperamos que se convierta también en una de esas recetas a las que siempre acabas volviendo.

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