Coca de Sant Joan sin gluten con masa madre, mascarpone y ruibarbo

La coca que anunciaba la llegada del verano. Hay recetas que alimentan. Y hay recetas que forman parte de la memoria de una familia. Esta Coca de Sant Joan pertenece a la segunda categoría. Durante los años en que tuvimos nuestra pastelería, elaborábamos cientos de cocas cada temporada. Y cada víspera de Sant Joan ocurría algo que nunca dejamos de encontrar emocionante: las familias hacían cola para llevarse una a casa. Eran cocas que anunciaban la llegada del verano. Generosas. Festivas. Bonitas. De esas que ocupan el centro de la mesa mientras alguien abre una botella de cava, los niños corretean por el jardín y la conversación se alarga hasta bien entrada la madrugada. La suavidad de una masa madre bien trabajada, la cremosidad del mascarpone y la acidez delicada del ruibarbo hacían el resto. El punto floral del hibisco era la guinda que la hacía perfecta. Todavía hoy, cuando la preparamos en casa, nos transporta a aquellas noches de luces colgadas, petardos en la distancia y mesas compartidas con amigos y familia. La noche más mágica del verano No sé cómo la vives tú, pero para nosotros la Nit de Sant Joan siempre ha sido una de las celebraciones más especiales del año. La vivimos casi como una pequeña Navidad de verano. Es la noche en la que el verano empieza de verdad. La noche que huele a mar, a vacaciones, a libertad y a tiempo compartido. Nos encanta decorar el jardín con guirnaldas de luces y banderines, preparar una mesa larga y ver cómo, poco a poco, la noche se llena de risas, conversaciones y momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos. Y si hay algo que nunca puede faltar en esa mesa, es una buena coca. Una coca diferente La Coca de Sant Joan tradicional siempre tendrá un lugar especial en nuestros corazones. Pero durante años quisimos crear una versión propia. Una coca elaborada con masa madre sin gluten, más aromática y llena de matices. Una coca donde la suavidad del mascarpone y la crème fraîche encontraran el contrapunto perfecto en la frescura ligeramente ácida del ruibarbo. El resultado fue una de las recetas más queridas de nuestra pastelería. Hoy queremos compartirla contigo. Ingredientes para la masa: 250 g de tu mezcla de harina sin gluten favorita 30 g de psyllium (omitir si tu mezcla ya contiene psyllium o goma xantana) 75 g de mantequilla o margarina a temperatura ambiente 40 g de azúcar integral de caña o azúcar blanco 30 g de sirope de arce 1 huevo + 1 yema (reserva la clara para decorar) Ralladura de 1 limón Ralladura de 1 naranja 1 cucharada de agua de azahar 2 cucharaditas de miel 1 cucharadita de café de sal 25 ml de leche o bebida vegetal tibia (nosotros solemos usar avena) 100 gr de Masa Madre (aquí puedes encontrar el proceso paso a paso para hacer tu masa madre sin gluten.) Ingredientes para el relleno: 110 gr de mascarpone 110 ml de crème fraîche 1/4 cucharadita de esencia de vainilla 25 gr de azúcar glass o savia de arce Para la compota de Ruibarbo: Aquí tienes la receta. Para decorar: La clara de huevo reservada Un chorrito de leche o bebida vegetal Azúcar Almendra laminada o piñones Frambuesas frescas Arándanos frescos Opcional: Crumble casero (receta al final del artículo) Elaboración: 1- Preparar la masa: En un bol grande (o en la Thermomix), mezcla la leche tibia, el huevo, la yema, el agua de azahar, la miel y la sal. Añade la mantequilla, el azúcar y el sirope de arce. Incorpora la masa madre y mezcla bien. Si utilizas Thermomix, bate durante 30 segundos a velocidad 6. Añade la harina y amasa hasta obtener una masa homogénea y suave. En Thermomix, amasa 4 minutos a velocidad espiga. 2. Fermentación lenta Coloca la masa en un recipiente ligeramente engrasado y deja reposar en la nevera durante un mínimo de 12 horas. Este paso requiere paciencia, pero marca una gran diferencia en el aroma, la textura y la complejidad de la coca. Las buenas masas rara vez tienen prisa. 3. Segundo Amasado y Formado: Retira la masa de la nevera y vuelve a amasarla. Si trabajas a mano, engrasa ligeramente tus manos y el papel de hornear para facilitar el proceso. Amasa durante unos minutos hasta que la masa esté suave y uniforme. Dale forma ovalada tradicional o extiéndela sobre la bandeja del horno. Deja fermentar una hora más en un lugar templado. 4. Prepara la Crema de Mascarpone: Bate ligeramente el mascarpone hasta que se vuelva cremoso. Añade la crème fraîche, la vainilla y el azúcar glas. Continúa batiendo hasta obtener una crema firme que mantenga la forma al cogerla con una cuchara. Reserva en frío. 5. Decora la Coca: Mezcla la clara de huevo reservada con un poco de leche y pinta los bordes de la coca. Tienes dos opciones: Opción 1: Superficie completa Extiende la crema de mascarpone sobre toda la coca, dejando libres los bordes. Añade por encima la compota de ruibarbo. Opción 2: Decoración tradicional Marca líneas diagonales con los dedos. Introduce la crema en una manga pastelera y rellena las líneas. Añade la compota de ruibarbo en los espacios entre líneas. Termina decorando con frambuesas, arándanos y almendra laminada o piñones. Si lo deseas, añade también crumble casero para aportar textura extra. 6. Horneado: Introduce la coca en el horno apagado. Programa 170 °C. Hornea entre 45 y 55 minutos. Los primeros 10 minutos únicamente con calor inferior. Después, continúa con calor arriba y abajo. Si observas que se dora demasiado rápido, cúbrela suavemente con papel de aluminio. Cómo servirla. Nos encanta servir esta coca ligeramente templada o a temperatura ambiente. Acompañada de: Café recién hecho. Una copa de cava bien frío. Fruta fresca. O simplemente buena compañía. Porque algunas recetas no necesitan mucho más. Si no tienes masa madre: Puedes preparar un iniciador rápido: Iniciador Rápido: 25 gr de harina de garbanzo, de sorgo o de arroz integral. 25 gr de
Compota de ruibarbo y flor de hibisco

El ingrediente por el que cruzábamos la frontera. Hay ingredientes que descubres. Y otros que, casi sin darte cuenta, terminan formando parte de tu vida. Con el ruibarbo me ocurrió exactamente eso. Lo conocí hace muchos años, cuando vivía en Inglaterra. Allí aparecía cada primavera en mercados, pastelerías y cocinas familiares como si hubiera estado allí desde siempre. Fue uno de esos sabores que se quedan contigo. Ácido. Fresco. Delicado. Completamente distinto a cualquier fruta que hubiera probado hasta entonces. Cuando años después abrimos nuestra pastelería, me negaba a renunciar a él. Así que cada primavera hacía un pequeño viaje hasta Perpiñán para cargar el coche de ruibarbo fresco. Con esa cosecha preparábamos una gran cantidad de compota que nos acompañaba durante todo el año. Y con esa compota elaborábamos una de las cocas de Sant Joan más queridas de Milola. Una coca que muchas familias esperaban con la misma ilusión con la que esperaban la llegada del verano. Un ingrediente todavía por descubrir Aunque el ruibarbo lleva siglos formando parte de la repostería del norte de Europa, en España sigue siendo un gran desconocido. Hoy ya puede encontrarse en algunos mercados especializados y tiendas online. Nosotros solemos comprarlo en Fruites i Verdures Giró, en el Mercat de Sant Antoni. Si nunca lo has probado, este puede ser un magnífico momento para descubrirlo. Y, si puedes, guarda parte de esta compota. Dentro de muy poco la necesitaremos para preparar una receta muy especial. Una compota que sirve para mucho más que una coca. Aunque la utilizamos en nuestra Coca de Sant Joan, esta compota tiene muchísimas posibilidades. Nos encanta acompañando: Yogur natural o vegetal. Granola. Porridge. Cheesecakes. Tartaletas. Muffins. Brioche. Mousse de chocolate. Tostadas con mantequilla o crema de frutos secos. Su equilibrio entre dulzor, acidez y notas florales la convierte en uno de esos básicos que siempre merece la pena tener en la nevera. Ingredientes: 1 kg de ruibarbo fresco 200 g de azúcar integral de caña 10 flores secas de hibisco 1/2 cucharadita de extracto de vainilla (opcional) 1 cucharadita de jengibre molido (opcional) 2 estrellas de anís Elaboración: 1. Preparar el ruibarbo Lava bien los tallos y corta aproximadamente medio centímetro de ambos extremos. Si alguno es especialmente grueso, pártelo longitudinalmente. Después córtalo en trozos de unos dos centímetros. Reserva aproximadamente 200 g y coloca el resto en una olla de fondo grueso. 2. La primera cocción Añade el azúcar y las flores de hibisco. Las flores aportarán un precioso tono rojizo y un delicado perfume floral que combina de maravilla con el carácter ligeramente ácido del ruibarbo. Remueve suavemente. Tapa la olla y cocina a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que el ruibarbo empiece a deshacerse y haya liberado buena parte de su jugo. 3. El toque final Destapa la olla y sube ligeramente el fuego. Añade ahora el ruibarbo que habías reservado. De esta forma conseguirás una compota con distintas texturas y pequeños trozos que conservarán mejor su forma. Cocina unos 15 minutos más. Sabrás que está lista cuando pases un dedo por el dorso de una cuchara y el surco permanezca limpio. 4. Enfriar Pasa la compota a un bol amplio. Cuando se haya enfriado, retira las flores de hibisco. Ya está lista para utilizar. Cómo conservarla: Puedes conservarla varios días en un recipiente hermético dentro de la nevera. También admite perfectamente la congelación, algo que nosotros hacíamos cada primavera para seguir disfrutándola muchos meses después. Una pequeña reivindicación del ruibarbo – Nos gustan los ingredientes que todavía conservan cierta capacidad de sorprender. El ruibarbo es uno de ellos. No intenta parecer una fresa. Ni una manzana. Ni una ciruela. Tiene personalidad propia. Y quizá por eso combina tan bien con sabores tan distintos como la vainilla, los cítricos, las fresas, el chocolate o el hibisco. Si nunca lo has cocinado, esperamos que esta receta sea el comienzo de una larga amistad. Porque algunas recetas llegan para una temporada. Y otras se quedan para siempre. Puedes ver un vídeo de la receta paso a paso aquí.
Barritas veganas de Doble Chocolate y Frambuesa.

La receta que no sabe si quiere ser barrita o tarta. Hay recetas que nacen con las cosas muy claras. Y luego están estas. Porque técnicamente son unas barritas. Pero basta cambiar el molde para que se conviertan en una tarta espectacular. Nos gusta pensar que simplemente se adaptan a los planes. Merienda improvisada. Cena con amigos. Cumpleaños. Martes cualquiera que merece mejorar un poco. Funcionan sorprendentemente bien en todas las situaciones. Una combinación inesperadamente buena. Chocolate y frambuesa llevan décadas entendiéndose perfectamente. Hasta aquí, ninguna sorpresa. Pero entonces aparecen los anacardos. El coco. La naranja. Y una invitada inesperada: la remolacha. Que aporta color, jugosidad y una profundidad que resulta difícil de explicar y muy fácil de disfrutar. Algunas recetas son mejores de lo que su lista de ingredientes hace pensar. Esta es una de ellas. Ingredientes para la base: 160 g de galletas Milola de Doble Chocolate y Plátano 120 g de harina de almendra 40 g de aceite de coco fundido Ingredientes para el relleno: 240 g de anacardos remojados durante toda la noche o durante 20 minutos en agua caliente 120 g de crema de coco (la parte sólida de una lata de leche de coco) 50 g de aceite de coco fundido 60 g de sirope de arce 125 g de frambuesas frescas 50 g de remolacha cruda 1/2 cucharadita de extracto de vainilla Ralladura de una naranja Para decorar: Chocolate negro fundido Elaboración – 1. Preparar la base: Precalienta el horno a 180 °C. Tritura las galletas junto con la harina de almendra y el aceite de coco hasta obtener una textura similar a arena húmeda. Presiona la mezcla en el fondo del molde elegido. Rectangular para barritas. Redondo para tarta. Nosotros no juzgamos. Hornea durante aproximadamente 10 minutos. Retira del horno y deja enfriar completamente. Preparar el relleno: Escurre bien los anacardos y colócalos en un procesador de alimentos. Añade la crema de coco, el aceite de coco, el sirope de arce, las frambuesas, la remolacha, la vainilla y la ralladura de naranja. Tritura durante varios minutos hasta obtener una crema completamente lisa y sedosa. La paciencia aquí merece la pena. 3. Montar y enfriar: Vierte el relleno sobre la base ya fría y alisa la superficie. Refrigera durante al menos tres o cuatro horas hasta que adquiera consistencia. O toda la noche si eres de esas personas capaces de esperar. Nosotros no siempre lo conseguimos. 4. El toque final: Decora con hilos de chocolate negro fundido. Corta en barritas o en porciones. Sirve frío. Y acepta los cumplidos con naturalidad. Algunas variaciones que funcionan muy bien Sustituir las frambuesas por fresas o frutos del bosque. Añadir pistachos troceados para incorporar textura. Servir con una cucharada de yogur de coco o crème fraîche vegetal. Cómo nos gusta servirlas: Muy frías. Con café. Con un buen matcha. Con una cava fresquito. O directamente desde la nevera a las once de la noche mientras prometemos que será el último trozo. Una pequeña reivindicación de la remolacha La remolacha tiene un problema de imagen. La mayoría de nosotros la asociamos a ensaladas y poco más. Pero cuando se cruza con el chocolate ocurre algo extraordinario. Aporta humedad. Profundidad. Y una complejidad difícil de identificar pero imposible de ignorar. Quizá por eso lleva años apareciendo en algunos de los mejores pasteles de chocolate del mundo. Y quizá por eso estas barritas desaparecen bastante más rápido de lo que deberían. Si las preparas, ya nos contarás si acabaron siendo barritas o tarta. Esperamos que os guste esta receta tanto como a nosotros. Si quieres ver un vídeo de la receta paso a paso, puedes hacerlo aquí. ¡A disfrutar!
Receta de Mousse de Chocolate Vegano

El postre que nadie adivina que está hecho con tofu. Hay ingredientes que tienen muy buena prensa. Y luego está el tofu. Probablemente uno de los ingredientes más incomprendidos de la cocina moderna. Porque cuando aparece en una mousse de chocolate como esta ocurre algo bastante divertido: Nadie lo ve venir. Solo hay chocolate. Mucho chocolate. Una textura sedosa y sorprendentemente ligera. Y esa sensación tan agradable de estar comiendo algo tremendamente indulgente que, además, resulta ser vegetal y sin lácteos. Un pequeño truco de pastelería. El tofu silken tiene una capacidad extraordinaria para desaparecer. No literalmente, claro. Pero sí para transformarse en aquello que lo rodea. En este caso, se convierte en el compañero perfecto para el chocolate negro. Aporta cremosidad. Ligereza. Y una textura que recuerda mucho más a una mousse clásica francesa de lo que la mayoría imagina. Ingredientes: 340 g de chocolate negro 340 g de tofu silken (importante: silken, no firme) 60 g de bebida de soja 2 cucharadas de sirope de arce 1 cucharadita de extracto de vainilla (opcional) Para servir: Galletas Milola Naranja, Almendra y Cardamomo Frutos rojos frescos Si prefieres una versión completamente vegana, puedes utilizar nuestra galleta de Doble Chocolate. Elaboración: 1. Preparar el tofu. Rompe el tofu y déjalo escurrir sobre un colador durante un par de horas para eliminar el exceso de agua. Este pequeño gesto marca una gran diferencia en la textura final. 2. Fundir el chocolate. Derrite el chocolate al baño María o en intervalos cortos en el microondas. Déjalo reposar unos minutos para que pierda parte del calor. 3. Preparar la mousse. Introduce el tofu escurrido en una batidora junto con la bebida de soja, el sirope de arce y la vainilla. Tritura hasta obtener una mezcla completamente lisa y sedosa. Añade entonces el chocolate fundido y vuelve a triturar hasta obtener una mousse brillante y homogénea. Eso es todo. Cómo nos gusta servirla. Nos encanta romper unas galletas de Naranja, Almendra y Cardamomo en el fondo de una copa y alternar capas de galleta y mousse. La intensidad del chocolate, el perfume de los cítricos y el cardamomo y la frescura de los frutos rojos hacen el resto. Termina con una galleta entera y algunos frutos rojos frescos. Parece un postre de restaurante. Y sin embargo probablemente te habrá llevado menos tiempo prepararlo que decidir qué película ver después de cenar. Una pequeña lección sobre el chocolate – El chocolate tiene una capacidad extraordinaria para hacer felices a las personas. No conocemos ningún estudio científico que lo confirme. Pero tampoco conocemos demasiada gente dispuesta a discutirlo. Y esta mousse probablemente tampoco ayudará a resolver el debate. Si la preparas, ya nos contarás cuánto tiempo sobrevive en la nevera.
Tartaleta vegana de arándanos, lima y doble chocolate

Una tartaleta de verano tan fácil de preparar como difícil de compartir. Hay postres que impresionan por la técnica. Y hay postres que impresionan porque nadie espera que algo tan sencillo pueda estar tan bueno. Esta tartaleta pertenece claramente a la segunda categoría. La intensidad de una base de galleta de doble chocolate. La frescura ligeramente ácida de los arándanos y la lima. La cremosidad del coco. Y esa combinación casi infalible entre fruta y chocolate que lleva décadas demostrando que algunas parejas simplemente funcionan. Además, es vegana, sin gluten y sorprendentemente fácil de preparar. Una receta nacida de una buena galleta Nos gusta pensar que algunas recetas empiezan mucho antes de encender el horno. Empiezan cuando un ingrediente ya es bueno por sí mismo. En este caso, todo comienza con nuestra galleta de Doble Chocolate y Plátano. Una galleta intensa, ligeramente fudgy y llena de cacao. De esas que podrían comerse directamente del paquete. Pero que también tienen la amabilidad de convertirse en una base extraordinaria para una tartaleta como esta. Ingredientes: Para la base de la tartaleta: 250g galletas doble choco veganas. 110g aceite de coco. Para el relleno: 375g arándanos. 250g leche de coco. 240g yogur coco. 70g savia de arce. 1 cdta. agar agar. Ralladura de 1 lima. 1/4 cdta sal del Himalaya. Para decorar: Frambuesas Higos frescos Arándanos Fresas Hojas de menta Gajos de lima Elaboración: 1. Preparar la base: Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa ligeramente el molde con aceite de coco y resérvalo en la nevera. Tritura las galletas hasta obtener una textura similar a la arena húmeda y mézclalas con el aceite de coco fundido. Presiona la mezcla sobre la base y los laterales del molde. Hornea durante aproximadamente 12 minutos. Deja enfriar mientras preparas el relleno. 2. Preparar el relleno: Tritura los arándanos junto con la leche de coco hasta obtener una mezcla homogénea. Si buscas una textura especialmente fina, puedes colarla posteriormente. Lleva la mezcla a un cazo y añade el agar-agar. Hierve suavemente durante dos o tres minutos removiendo constantemente. Reduce el fuego e incorpora el sirope de arce, el yogur de coco, la ralladura de lima y la sal. Cocina un minuto más a fuego suave. Retira del fuego y deja templar ligeramente. 3. Montar la tartaleta: Vierte el relleno sobre la base de galleta. Lleva la tartaleta al frigorífico durante al menos cuatro horas para permitir que el agar-agar haga su trabajo. La paciencia tiene recompensa. 4. Decorar: Justo antes de servir, decora con fruta fresca, hojas de menta y algunos gajos de lima. No hace falta mucho más. Cómo nos gusta servirla: Fría. Muy fría. Con café. Con té. Con una copa de cava muy fría. O simplemente en una mesa llena de gente a la que quieres impresionar un poco. Funciona sorprendentemente bien en las tres situaciones. Si quieres ver un vídeo de la receta paso a paso, puedes hacerlo aquí. Una pequeña lección sobre el chocolate Hay ingredientes que exigen protagonismo. Y otros que saben hacer que todo lo que tienen alrededor sea mejor. El chocolate pertenece a las dos categorías. Quizá por eso sigue funcionando tan bien después de tantos siglos. Y quizá por eso esta tartaleta nunca dura demasiado tiempo en la mesa. Si la preparas, ya nos contarás cuánto tarda en desaparecer.